Septiembre de 1973 - Una Primavera Dolorosa

Edmundo Herrera

 

 

Cuando supimos que habían internado a Pablo Neruda en la Clínica Santa María una congoja oscura voló a nuestro corazón.

El día 23 de septiembre de 1973, como a la una de la mañana, me llama Ester Matte Alessandri para decirme, llorosa, que había muerto Pablo. Vinieron algunas lágrimas a poblar nuestros ojos.

Cuando supe que Neruda había muerto, llamé a Francisco Coloane para que hablara a nombre de la SECh [Sociedad de Escritores de Chile], que había dirigido tantos años, pero me dijo que estaba muy afectado y no podría hablar. Entonces escribí mi discurso.

Al otro día, temprano, ya estaba en La Chascona. Destrucción, todo hecho añicos, ventanales rotos, porcelanas en el suelo,caracolas quebradas, el agua inundando el patio. Las cosas que amó el poeta estaban esparcidas por todos lados.

Un reloj grande, de esos de campana, también caído. Habían sucumbido frente a las fuerzas armadas de la dictadura que instalaba en Chile su reinado del terror.

Una pena inmensa vino a mi vida.

Subí a donde tenían a Pablo, sin ataúd aún. Una corona de los Reyes de Suecia a los pies del poeta. Era el homenaje de un pueblo a la Cultura, a la Creación.

Estábamos ahí cuando llegó el edecán del dictador, venía con un general desagradable, vestido con uniforme de guerrero, pistolas en la cintura y ametralladora en mano. Un insulto hecho uniforme en esa casa.

El edecán Morel pidió hablar con Matilde que venía bajando la escalera y al verlos se devolvió y no los recibió. Entonces entendí que la poesía tiene un rostro,una dignidad que deben ser la lección para un pueblo.

Las dictaduras saben que la poesía es peligrosa para los que quieren sojuzgar al hombre libre.

Al otro día sería el funeral y quedamos de acuerdo con Ester Matte Alessandri que la iría a buscar a su casa. Cuando llegué también estaba Luis Alberto Mansilla. Nos fuimos a la casa de Pablo y vimos por todos los alrededores a espías de la siniestra CNI, soldados, carabineros. Estaban vigilando la casa del poeta.

Nos costó mucho sacar a la calle el féretro. Mucha gente se había reunido afuera. Era la primavera que quería despedir a su poeta, al Hombre que nunca dejó de cantar.

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