Neruda humorista

Hernan Castellano Girola

 

Cruda multiforme, incesante, alotrópico. Neruda mutable, oceánico, infinito. Sobre Neruda se ha dicho todo, han afirmado especialmente los interesados en disminuir su grandeza'. Nosotros, los que nos nutrimos tanto de la poesía de Neruda como de su ejemplo humano y artístico, de su poesía/imagen como de su rostro versátil,
encontraremos en él un generador artístico, una referencia vital imprescindible.

Estas notas llevan un título falsamente provocatorio que merece una aclaración.

No pretendemos descubrir un Neruda "humorista" en el sentido que habitualmente se da a ello en nuestra cultura: alguien que cotidiana o periódicamente se exprime el cerebro para hilvanar sus ingeniosas necedades, dicho con todo respeto al legendario "Zorro" Iglesias o a los humoristas metafísicos de todas las categorías, porque en cada infierno alguien se salva, algún ángel impuro y necesario. Quisiéramos respecto de Neruda, más que establecer una categoría aristotélica, señalar una dimensión estructural, cinética, en la que el humor, su escalofrío y sus signos materiales, luminosos, se encarnan y fructifican en su poética, de un modo tan especial y formativo que constituyen en él una dimensión propia, más importante tal vez que en ningún otro poeta de habla hispana contemporáneo, exceptuando el filón de la antipoesía, que se integra dialécticamente, como veremos, a la fase última del mismo Neruda.

Nada hay —posiblemente— más lejano del humor y el humorismo que el Neruda de los primeros años provincianos o santiaguinos. Neruda a los catorce años era "orgullosamente oscuro, / delgado, ceñido y fruncido, / funeral y ceremonioso`. Y en Crepusculario invoca a las rosas "de mi desconsolado jardín adolescente" (I, 37). La imaginería del Neruda adolescente está centrada en lo que Hernán Loyola define como "yo lírico` y se fija en los polos materiales del sexo y la mujer. Hay una identidad del adolescente y su dolor. Sin embargo, el mismo título Crepusculario se abre hacia una dimensión de humor leve, porque consta de elementos antitéticos reunidos en una invención/neologismo. De filiación modernista (el Lunario sentimental de Lugones es de 1909), su procedimiento sería recogido treinta y cinco años después en la formación del título Estravagario, libro citado como ejemplo del humor nerudiano, o "libro de la nueva desacralización del yo`.

En el poema 6 de Veinte poemas de amor y una canción desesperada el poeta dice, refiriéndose a la bifronte amada: "Eras la boina gris y el corazón en calma", introduciendo un elemento que se abre a la sonrisa ambigua con los rasgos de una poesía menos "solemne". La imagen "Ebrio de trementina y largos besos" (poema 9) preludia las Residencias y su "sistema sombrío", y contiene asimismo signos contrastantes, explosivos —por el uso poético de la trementina, fuera de su carácter corrosivo/combustible.

Es un mundo que —en la soledad nerudiana— fermenta, catalina la gran revolución del lenguaje poético que estaba naciendo. En Tentativa del hombre infinito habla de "victrolas ensimismadas" (I, 113) y en "Muerte o desaparición de un gato", de Anillos (1926), entra, con sigilo felino, el humor nerudiano con los procedimientos metafóricos que desde entonces le serían característicos:
Se ha escurrido el gato con sigilosidad de aire, nadie lo encuentra en la lista de sol que se comía atardeciendo, no aparece su cola de madera flexible, tampoco relucen sus verdes miradas pegadas a la sombra como clavándolas a los rincones de la casa (I, 145).

Esta es, más que una visión, una forma de explorar la realidad mediante el poder analítico de la metáfora, camino que otros come Rosamel del Valle, en Eva y la fuga y en El país blanco y negro (ambos de 1929), o Vicente Huidobro, en sus Novelas ejemplares (escritas en colaboración con Hans Arp), explorarían hasta dimensiones que Neruda prefirió no indagar exhaustivamente: lo onírico, las realidades múltiples o paralelas, el absurdo como expresión más definitoria de un Tiempo de crisis. Sin embargo, el idioma nerudiano ya entonces adquirió un carácter tal que permitió al humor, entendido sobre todo como una tensión explosiva entre los significantes y los significados dentro de la imagen poética, instalarse y cobrar cada vez una dimensión más estructural, más significativa.

Sin duda, las Residencias, y especialmente la primera de ellas, son libros sombríos. Está la leyenda negra —acrecentada por el propio Neruda— del suicidio de un joven que leía "significa sombras" 5; de su hermetismo (palabra casi obscena, hoy por hoy, al menos respecto de la poesía); del poeta nadando en el agua estancada de su propia soledad. Sin embargo, conversa "con los sastres en sus nidos" y está ..evidentemente empeñado en su deber original-' en este libro-laboratorio de la poesía donde la modernidad explota. Se desarrolla y fermenta también aquí la ironía agridulce que formaría el idioma nerudiano más permanente y que abriría posibilidades insospechadas a su propio lirismo. En los poemas en prosa de Residencia... (como en muchos otros casos —Martí, Lugones— la prosa favorece las evoluciones y los saltos de calidad después hechos Historia), hay una explosión de metáforas de nuevo tipo, donde el humor es un centro motor ¡tal: en "Comunicaciones desmentidas" habla de "cocoteros directos", y dice:

Loros, estrellas, y además el sol oficial y una brusca humedad hicieron nacer en mí un gusto ensimismado por la tierra y cuanta cosa la cubría, y una satisfacción de casa vieja por sus murciélagos, una delicadeza de mujer desnuda por sus uñas, dispusieron de mí como de armas débiles y tenaces de mis facultades vergonzosas, y la melancolía puso su estría en mi tejido, y la carta de amor, pálida de papel y temor, sustrajo su araña trémula que apenas teje y sin cesar desteje y teje (I, Pág. 190).

Escritas en las antípodas y poco después, las Tres novelas ejemplares, de Vicente Huidobro-Hans Arp extremarían el humor patafísico que Neruda, en cambio, pocas veces ocupó como programa único o directriz de un texto, pero que sí usó ampliamente como elemento estructural que daba cuerpo y tensión a sus imágenes/metáforas.

También en "Caballero solo" hay un cierto elemento o atmósfera de humor sardónico que cruza y completa el poema, en el nivel estructural aludido; en "Ritual de mis piernas" la metáfora se usa para ex-plorar la materia física, la biología, el universo. "Tres cantos materiales" es parte de este proceso que ironiza y descompone/reúne la realidad recreándola en un sistema de potentes significaciones, base de las Odas elementales de treinta años después.

"Walking Around" merece un párrafo aparte. Poema citado como la cúspide del pesimismo residencial, es en cambio un reservorio de imágenes donde los elementos contrastantes provocan sensaciones ambiguas de exaltación/depresión y su violenta rebelión —creemos— es sólo la primera fase de la toma de conciencia más elaborada y posterior. En 19717 proyectábamos filmar imágenes nerudianas, como:

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío (I, p. 215).
Esta relación directa, en la forma de cita intertextual, con una obra de naturaleza dadá-surrealista (se anteponga el neo, si se quiere, para el purismo clarificativo), demuestra la modernidad —crisis-análisis/reconstrucción-síntesis— de un texto "maldito" 8.

Es que el humor de Neruda nunca ha sido unidimensional, ni su función gravita sólo en la sugerencia jocosa, en la risa refleja. Muy por el contrario, siempre intervino en los mecanismos más sutiles del lenguaje, en un sistema centrífugo-centrípeto de atracciones/repulsiones característico de la obra en/de la modernidad.

Charles Chaplin es citado casi obviamente cuando se trata de referirse a un humor apoyado alternativamente en la risa y el llanto, en lo cómico y lo dramático. Pero esta comparación con la poética nerudiana no cabe: el ilustre y sensiblero Charlot tenía bien distintas miras al dosificar la carcajada y el lagrimón. Si hubiera que comparar la estructura interna de ambos mecanismos de humor, podríamos decir que la imagen nerudiana está más cerca del "surrealismo" incisivo, duro, de Buster Keaton, que de la oveja disfrazada de lobo chaplinesca.

Los años atroces de la guerra española y la segunda guerra mundial no dejaron, ni dejan, cabida para el juego o la jugarreta, acaso ni siquiera para la sonrisa corrosiva, y Neruda busca forjar una antítesis poética a tanta barbarie —la barbarie de los derrotados y la de los emergentes triunfantes sobre la cal de Hiroshima—, busca fundar un territorio libre del verbo poético, y paga duramente su coraje y su visión histórica. Es el momento y la época del Canto General, cuyo lenguaje, sin embargo, tiene sus raíces estructurales en las Residencias, con los mecanismos metafóricos anotados. En la imaginería de Canto General tal lenguaje no deja de existir, como efecto de la incesante renovación nerudiana: es más, éste se consolida en su dimensión ontológicamente centrífuga, que le sería característica. Libro de dolor sublimado en la lucha y de fundación de una cosmogonía poética total, no está exento del humor, pero éste es esporádico y es de carácter prevalentemente satírico: está dirigido a golpear al vil, al paniaguado, al explotador fariseo. Son denuestos eficaces como "el almirante tonto como un tomate" o el muy conocido "miserable mezcla de mono y rata" que justamente define al "loco zambero" González Canela, el traidor disfrazado de presidente.
Desde el Canto General en adelante, la presencia del mecanismo del humor es constante en la obra de Neruda. Inclusive en un libro —apolíneo- como Las uvas y el viento, usa abiertamente la metáfora irónica (cfr. "La policía", que relata su fugaz detención y "rescate" en Italia) y declara que "Yo hice uso de Rabelais para la vida mía como de los tomates" (I, 891).

En las Odas elementales, escritas por el "hombre invisible o transparente", hablante/criatura/emanación del "yo cumplido, completo y dichoso'", se hace posible la consolidación de una importante dimensión del humor nerudiano. En las Odas, la materia aparece analizada y sintetizada otra vez en amplias metáforas —la Oda total—yen pequeñas metáforas —los versos o estrofas— que son subsidiarias del sistema total, y donde lo existente a nivel físico o psíquico (mundo y alma) es transfigurado en su imagen lírica especular, y en ello el humor es fundamental para definir esa existencia. También los estados de ánimo y las dimensiones de la abstracción y del logos entran a formar parte de este sistema/universo poético. "Oda a la crítica" es un ejemplo válido de esto, pero también están la "Oda a la energía" y "al átomo", donde la metáfora humorística provee la abstracción necesaria para "explicar" ambos conceptos/fenómenos y resolverlos en el lenguaje. Cada Oda es un pequeño enigma que Neruda resuelve en el ámbito del lenguaje, y entonces la parábola del humor se vuelve la ecuación de lo exacto. Cada Oda es, también, narrada por el hablante Neruda, un torbellino de atracciones-repulsiones, un pequeño tornado del pensamiento que se prolonga verticalmente y causa la impresión humorística que se resuelve, las más veces, en la ternura y el lirismo, pero también en la ironía punzante.

En las Odas de la última fase el mecanismo/humor nos lleva a dar una impresión completa de un lugar ("La calle San Diego... donde suenan todos los tangos de todas las radios del mundo en el mismo minuto", II, Pág. 418), o bien parte de una imagen ya elaborada en el plano poético, como "Oda a un camión colorado cargado con toneles", y ello las acerca, al menos a nivel de la concepción/imagen, a lo que hemos definido en otra parte como "sistema surrealista de significaciones", esto es el código de lo real hispanoamericano que tiende a revelar in situ el pretexto de la realidad incluida en él, y que no es otro que nuestro "surrealismo natural". Quien haya viajado en el Chile hoy desaparecido —aunque no en su esencia ni en su alma— en un engendro de microbús "Matadero-Palma" o en el legendario "Tren de los Curaos", de nocturno y errático paso, sabe exactamente a qué nos referimos. Y el que no sabe, puede leer, por ejemplo, el discurso de recepción del Nobel por Gabriel García Márquez.

A diferencia de Estravagario, libro de corrosivo humor e individualismo poético de la mejor clase, las Odas pueden ser consideradas un libro del acervo "edificante" nerudiano. Sin embargo, el carácter provocatorio y vital que subyace en toda operación que inyecte humor en un texto poético, se patentiza en las Odas. Recuerdo a un indignado compatriota que, hace ya muchísimos años, me decía allá en la Copia Feliz del Edén y refiriéndose a la "Oda a los calcetines" (léase con fuerte inflexión vernácula): "Esto sí que yo no lo acepto. Porque, ¿a dónde vamos a parar si este señor le hace una poesía a los calcetines? ¿Puede haber algo que tenga menos poesía que los calcetines?". Platónico insigne, como es el Buen Chileno, el amigo creía que la poesía reside en las cosas en vez de ser un espejismo parriano del espíritu, esto es, criatura del lenguaje. Este hecho le impidió —acaso para siempre—indagar en las insospechables posibilidades líricas de los calcetines de lana y del resto del universo.

Se definió a Estravagario como el "verdadero giro de timón de la obra nerudiana" 10. Cierto, pero las aguas del humor estaban, como hemos visto, largamente navegadas. El Norte ha cambiado, acaso, porque ha cambiado el mundo y se acercan los años sesenta; termina la edad negra de la guerra fría, y se acerca otra edad de guerras calientes, en el mundo, en la sangre y en el espíritu. Aun cuando se ha citado a Estravagario como una obra influida por la antipoesía de Nicanor Parra (Poemas y antipoemas se publicó en 1954) y a menudo en ellos la semejanza en el tono y el desenfado del lenguaje sorprende, creemos que el proceso descrito y culminado en Estravagario es muy profundo y vastamente madurado en el tiempo como para pensar en tal súbito deslumbramiento. El libro se abre, más bien, con una invocación huidobriana: un caligrama. Lo que encontramos, sí, es un Neruda jocundamente vivo, menos edificante que provocatorio y centrado en ese ámbito, ese locas del humor rabelesiano. El antipoema, según dice el propio Neruda en las palabras liminares a Poemas y antipoemas, es "un fruto consumado en las tinieblas"... en parte. Pero la "antipoesía" nerudiana es otra cosa: es la risa, sin desencanto —sin un desencanto irremediable— del que quiere liberar a su conciencia y ampliar su espacio vital, como un ser que vive —y Neruda las sufre y las vive— una vital metamorfosis. Son líneas del tiempo que se juntan en el más acá, un común sentido de que la poesía debe ser "una muchacha rodeada de espigas, o no ser absolutamente nada"".

La temática de Estravagario es variadísima, desde la invocación al testamento poético, del poema narrativo al bestiario, con una cierta predilección por los temas de la muerte y también la enfermedad, vistos en clave fuertemente satírica respecto de la medicina tradicional que, por lo visto, contribuyó casi tanto como el mismo fascismo a llevar a la tumba al ilustre Vate.

En el celebérrimo "Dónde estará la Guillermina', usa los mismos procesos para evocar un episodio de gran ternura ("mi corazón ha caminado con intransferibles zapatos") mientras que la acotación (que en la actualidad suena casi como "acusación") respecto del Parrismo en este libro probablemente se ha originado en el desenfado del lenguaje o también a ciertas asociaciones como "entre morir y no morir me decidí por la guitarra" ("Testamento de otoño") o cuando exclama "Apenas se descuiden me voy para Renaico" (II, p. 637), tan semejante al "A Chillón los boletos. ¡A recorrer los lugares sagrados!-, de Parra 12.

Libro de preguntas más que de respuestas, Estravagario inaugura la fase final de la poesía nerudiana en la cual el poeta, después de haber hablado, refunda su propia palabra y se escucha, distanciado tanto del yo ensimismado de la adolescencia, como del yo integrado de su poesía mayor de tono "apolíneo" o "edificante". El humor siempre desempeña un papel significativo. Podríamos decir que la poética nerudiana de Estravagario en adelante está sólidamente asentada de uno u otro modo en el humor/metáfora. En cada nuevo libro posterior hay uno o más poemas que parecen escapados de Estravagario. Inclusive uno de sus libros póstumos, Defectos escogidos (1974), recoge en su título toda una tensión humorística. El poeta revitaliza en ello toda su idea de "una poesía sin pureza" de tantos años atrás, asume su imperfección como un precio recogido en su camino/lucha. Textos como "El incompetente" son un verdadero sistema de humor en sí, y "Muerte y persecución de los gorriones" contiene una doble desacralización, una antiepopeya surreal, esta vez en clave antimaoísta.

Cabe comentar aquí —aunque no profundizar, lo que requeriría un ensayo aparte— la riquísima red de humor que cruza y sostiene Confieso que he vivido, la autobiografía de Neruda cuya lectura precisamente nos sugirió la idea de estas notas, hace ya mucho tiempo. Las memorias nerudianas se abren con la descripción de su infancia austral, y el humor tiene aquí primerísima importancia.
Cómo no recordar —sólo como un ejemplo entre tantos— la descripción de los objetos de la agreste Frontera de esos años ("un candado ciclópeo, una cuchara antártica"), de los insectos deslumbrantes o titánicos como la "Madre de la Culebra", y visiones mágicas como "muchos zapatos echando vapor, como pequeñas locomotoras", estampas bruñidas en una memoria expresionista del Sur.

Este humor toca su ápice cuando, llegado el poeta a Santiago, convive con los protagonistas de la bohemia de aquellos años, astros deslumbrantes como Alberto Rojas Jiménez, Aliro Oyarzún, Romeo Murga y el "Cadáver" Alberto Valdivia. Estos capítulos usan el humor en alto nivel ("Locos de invierno") como asimismo el episodio del escritor argentino Omar Vignole, con su vaca literaria y sempiterna.

Neruda supo guardar la memoria de lejanas risas en lejanas vidas, como rasgos de su propio humor y su propia cosmogonía. Así, el retrato de García Lorca es de un espesor y una riqueza extraordinarios, gracias precisamente a esa dimensión del humor que lo configura. Lo "chorpatélico", invención lorquiana, sirve para definir lo indefinible, el aura que rodea o circunda ciertos objetos; por otra parte la intervención del Jabalí Cornúpeto de Acario Cotapos, bestia tremebunda de su mitología personal, integra al hablante Neruda con el músico sus mundos de creadores se integran en la propia criatura del humor.

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