Poema 5

 

 

Para que tú me oigas...

 

Para que tú me oigas

 

mis palabras

 

se adelgazan a veces

 

como las huellas de las gaviotas en las playas.

 

Collar, cascabel ebrio

 

para tus manos suaves como las uvas.

 

Y las miro lejanas mis palabras.

 

Más que mías son tuyas.

 

Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

 

Ellas trepan así por las paredes húmedas.

 

Eres tú la culpable de este juego sangriento.

 

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.

 

Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

 

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,

 

y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

 

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte

 

para que tú me oigas como quiero que me oigas.

 

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.

 

Huracanes de sueños aún a veces las tumban.

 

Escuchas otras voces en mi voz dolorida.

 

Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.

 

Amame, compañera. No me abandones. Sígueme.

 

Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

 

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